Viernes. Unos treinta minutos antes del mediodía llegué a la dirección indicada en el mensaje del lunes. De acuerdo a las instrucciones, el despacho se encontraba en el primer piso del edificio, justo arriba del local ocupado por un restaurante. No había pierde. Para matar el tiempo, decidí caminar por las calles aledañas y conocer un poco más el rumbo. Estaba nervioso. Por un momento pensé en seguir de largo la caminata y no regresar para la cita.
Faltaban ya cinco minutos y opté por hacer caso a la voz de mi conciencia. Me acerco a la puerta del edificio, encuentro los timbres y oprimo el correspondiente al despacho. Unos minutos después contesta por el interfon una amable voz femenina:
-Buenas tardes
-¡Hola! Buenas tardes. Soy Nevid Ramírez y vengo a una entrevista
-¡Adelante Nevid!
Subo por las escaleras. Al llegar a la puerta del despacho me recibe una sonrisa muy agradable y una mano extendida:
"¡Hola Nevid! Buenas tardes. Soy Claudia Sánchez"
Después de regresar el saludo, me invita a pasar. Paredes blancas. En la entrada, a mi izquierda no puedo evitar ver una enorme impresora sobre un escritorio, junto a un monitor también grande. Al voltear al frente, están las ventanas. Aparecen uno, dos, tres escritorios, cada uno con un monitor de 17 pulgadas y CPU de color azul, marca manzana. Detalles de madera. A mi derecha, junto a la cocina una mesa larga: de un lado bastantes muñecos de peluche la mayoría de ellos de personajes conocidos, del otro lado mucha plastilina.
Pasamos al fondo, donde hay dos puertas. Cuando estoy por cruzar la puerta izquierda veo de reojo la derecha: un cuarto amplio a medio iluminar, distingo a un joven de lentes sentado frente a una computadora blanca, marca manzana, muy concentrado en su labor.
Me encuentro sentado frente al escritorio de la oficina de Claudia. Tiene una ventana con una muy buena vista de la calle. Un gato de acuarela observa mi espalda desde su sitio en la pared. Un calendario con fechas marcadas en rojo, azul y verde. En el librero, figuras de plastilina, libros...Jack Skellington y Sally.
Comienza la entrevista. Estoy nervioso. Y sin embargo, no lo siento como un interrogatorio laboral. A los dos nos gusta el Cartoon Network. Traigo un disco con más muestras de trabajo. Ella batalla un poco para que salga la bandeja de CD de su computadora blanca, marca manzana. Conozco más a fondo la labor que se desarrolla en el despacho: Ilustración para la industria editorial, libros de texto para nivel preescolar y primaria principalmente. Ante mis ojos pasan imágenes con una gracia y técnica tal que muy en el fondo no me creo capaz de imitar. Estoy nervioso.
Una prueba. Claudia escoge al azar de una lista de ilustraciones una instrucción:
"Una niña sentada en el campo, observando a un caracol y a un gusano. Se imagina que ellos están hablando entre sí"
El objetivo de la prueba, me explica Claudia, es ver qué tanto me acerco al estilo de ilustración en un tiempo límite...tiempo es dinero. Me entrega el material de referencia del estilo, hojas en blanco y un lápiz. Me acompaña hasta uno de los tres escritorios (el que está frente a la puerta del despacho) y me deja para que comience...tengo veinte minutos aproximadamente. Mientras, ella atiende a una visita que acaba de llegar.
Estoy muy nervioso. No he agarrado un lápiz en un buen rato. Hago los primeros trazos temblorosos y sin decisión para medir (según yo) las proporciones de los personajes de este estilo...ojos grandes y boca de plátano. Han pasado como 15 minutos ya y me decido finalmente a hacer el bosquejo...una niña...un caracol...un gusano. Diez minutos después, en la hoja de papel se ve algo así:

Me había demorado bastante de lo establecido. Me paro y me dirijo a la oficina. Claudia aún sigue ocupada con la visita (una colaboradora del despacho). Se me ocurre dirigirme entonces a la puerta derecha, con el joven de lentes para ver si él podía dar el visto bueno a la prueba. No sé cómo hice para llamar su atención y le mostré la hoja. Se concretó a señalarme a la oficina de Claudia y decirme algo así como "con Claudia, ahorita que se desocupe".
Pero no me esperé, interrumpí con el mayor tacto posible la plática y le mostré el dibujo a Claudia. Creo que le causaron cierta gracia el gusano y el caracol. Lo mostró a su interlocutora aunque no recuerdo muy bien su reacción. Me pidió que esperara un momento a que terminara su reunión. Me siento de nuevo en el escritorio donde trabajé. Hojeo los dos o tres libros de referencia sin realmente ponerles atención. La espera parece una eternidad. Muchas ideas de lo que puede pasar a continuación. Estoy nervioso.
Salen de la oficina. Una despedida amable de la visita. Me pide que pase de nuevo. Estoy sentado frente a su escritorio. No me dice nada acerca de la demora en el tiempo de la prueba. Me ofrece trabajar con ella a manera de prueba durante un mes...pagado. Si todo sale bien, discutiremos un periodo de tiempo laboral más amplio. Sólo me oigo decir "Sí, por supuesto". Comenzaría el lunes 17.
Una vez informado de cuáles serían mi horario y mis obligaciones, estrechamos las manos nuevamente. "Nos vemos el lunes, entonces. Como no voy a estar porque doy clases, Paola te va a abrir y te va a indicar cuál va a ser tu lugar". Me acompaña a la puerta. No recuerdo si me despedí del joven de lentes.
Salgo a la calle y aunque tenía la opción de tomar el tren, decido caminar hasta el metro, necesitaba hacerlo.
Así conocí a Claudia Sánchez.